Pago de Carraovejas, un vino para los buscadores de lo sublime

Pago de Carraovejas, un vino para los buscadores de lo sublime Vino Pago de Carraovejas, un vino nacido de la búsqueda de la excelencia que dio como resultado un producto de características únicas.

La historia de Pago de Carraovejas

José María Ruiz, fundador de Pago de Carraovejas.
El fundador e ideólogo de este delicioso vino es José María Ruiz, un tío que en la década de los  setenta, después de haber participado en el primer concurso mundial de summeliers, decidió que quería poner un restaurante que sirviera el mejor cochinillo (sí… era segoviano el hombre) con el mejor vino. Vamos, el pensamiento que todos tenemos después de participar en un concurso cualquiera (?).

La cuestión es que el bueno de José María termina poniendo su restaurante a principios de los ochenta, y empieza a cambiar la forma de servir el vino que tenían en los mesones por aquella época: controlaba la temperatura, servía adecuadamente y comenzó a servir el vino embotellado, dejando de lado la tradicional jarra. Esto no solo nos hace creer que este buen hombre hacía las cosas bien, sino que antes de él los restaurantes aparentemente servían el vino arrojándolo semi caliente sobre una copa, ¿no?

Esta obsesión por el vino terminó de germinar aquella idea inicial de ofrecer el mejor vino: por lo que decidió crear su propio vino. Como veréis, al tío las ideas simples no le iban.

Pasan los años y para 1987 José María Ruíz se decide y encabeza un grupo de segovianos dispuestos a desarrollar el proyecto de crear una bodega. El lugar elegido termina siendo las laderas de Carraovejas, según cuentan en su propia web debido a tres motivos: porque era el centro histórico de los vinos de la Ribera del Duero, por su cercanía con Segovia, y porque ese lugar era reconocido como el mejor maduradero de la comarca.

El tiempo le dio la razón, pero antes lo hizo el propio lugar: su microclima, con vientos predominantes del oeste, laderas con orientación sur que defienden al cultivo del duro viento del norte, y los efectos dulcificadores del Duero, lo convirtieron sin dudas en uno de los mejores lugares para producir un vino de excelencia.

Una vez que el lugar estaba decidido, era momento de comenzar los estudios del suelo y elegir las variedades que se iban a utilizar para conseguir el fruto de calidad que se esperaba: Tempranillo (o tinto fino), Cabernet Sauvignon y Merlot fueron las variedades elegidas.

Aquí hay algo que no puede pasar desapercibido o, por lo menos, no puede si te gustan los buenos vinos, o si quieres aprender algo sobre ellos para lucir más interesante en tu próxima reunión de amigos (?): fue también el primero en producir vinos con un 25% de Cabernet Sauvignon, cuando todos producían solo Tinto Fino. Un cambio que a quien no sepa de vinos puede resultarle insignificante, pero que cambió la concepción de los vinos de la Ribera del Duero para siempre.

A partir de ahí el vino Pago de Carraovejas fue creciendo y desarrollándose sin perder nunca su elevado parámetro de calidad, ofreciendo así un no sé qué que nos deja siempre con ganas de un poco más.

 

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